La inercia en las series: “¿¿por qué sigues viendo esa mierda??”

Los que me conocen un poco saben que habitualmente tuiteo sobre las series que veo y que, muchas veces, critico y me quejo de lo horribles que algunas son. Y por ello me han hecho bastantes veces la pregunta que da título a esta entrada: “¿¿POR QUÉ COÑO SIGUES VIENDO ESA MIERDA INFUMABLE??”. Pues la respuesta es muy sencilla, señores.

Existe un fenómeno innegable que sólo los más seriéfilos conocemos, fenómeno que yo he dado en llamar “inercia serial”. Este término define la necesidad que se experimenta cuando empiezas una serie, por muy mala que acabe siendo o por mucho que pierda el Norte: la “inercia serial” te impide dejarla a medias, necesitas saber cómo acaba esa bazofia, aunque eso signifique tragarte interminables capítulos absurdos y aburridos, sin ningún tipo de sentido ni atractivo. Y la sensación se agrava aún más cuando la serie en cuestión tuvo un buen inicio, una buena primera tanda de episodios, y tú ya les has cogido “cariño” a los personajes. ¿¿Cómo vas a dejarla como si nada, sin saber qué acaba ocurriendo con ellos?? No sé vosotros, pero a mí eso se me hace sencillamente imposible. Por eso acabo viendo capítulos con extrema pereza, deseando que pase algo interesante, pero que pase YA.

Obviamente, cada cual tendrá sus “series de inercia”, como yo las llamo. En cualquier caso, en mi experiencia he visto que hay una categoría que raramente se libra de acabar sufriendo este destino: las series “post-acpocalípticas”. Y, antes de que nadie diga nada, no, nunca he visto eso llamado The Walking Dead, así que no puedo opinar sobre la lluvia de críticas que le cae de vez en cuando a este respecto. Sin embargo, sí he seguido tres ficciones de temática similar que han acabado siendo un truño que sólo seguía por inercia. Demos, pues, un fuerte aplauso a la Tríada de la Inercia Post-Apocalíptica: la decepcionante Flashforward, la protestada Jericho y la superviviente Revolution.

A ésta nos la vendieron como la panacea para la resaca de una SERIAZA como fue Lost, aduciendo que era su sucesora, la que llenaría ese vacío que nos había dejado la marcha de Kate, Sawyer, Jack y compañía. De hecho, en una efectista maniobra de “marketing”, se dedicaron a meter actores y actrices de Lost en la nueva serie para llamar la atención de los descorazonados “losties”. Y lo consiguieron. Flashforward fue esperada y seguida en su estreno por mucha gente, y no sólo por sus reminiscencias a Lost, sino porque partía de una idea estupenda: todo el planeta se desvanecía de repente y tenía una visión de su futuro, con las consecuencias que eso podía tener. Pero lo que podía haber dado un bombazo de serie acabó siendo un “bluff” de proporciones épicas, insoportable a partir del tercer-cuarto capítulo, cuando la novedad ya no podía ocultar un argumento lineal, unos diálogos aburridos y unas interpretaciones lamentables (hola, Joseph Fiennes, ¿¿qué tal te va la vida??, ¿¿mucho trabajo en la panadería de tu barrio??). Afortunadamente, y como ocurre con muchas de estas series, la “inercia serial” con la que la seguía religiosamente fue frenada por una cancelación evidentísima para todos… y de Flashforward nunca más se supo.

Un pueblo perdido en Kansas queda completamente aislado del mundo exterior poco después de avistar un “hongo” nuclear en el horizonte. Nadie sabe nada, todo es caos y al pueblo empieza a llegar gente rara. Otro argumento post-apocalíptico inicialmente atractivo, con el añadido esta vez de contar con el maromazo Skeet Ulrich como cabeza de cartel (lo cual, nos guste o no, siempre es una razón para ver una serie en la que están todos medio destruidos y con poca ropa). Y, al igual que con Flashforward, fue muy promocionada en nuestro país y la emitieron en uno de los grandes canales de nuestra televisión. Pero, también al igual que Flashforward, la serie tardó poco en convertirse en un mojón del tamaño de (precisamente) Kansas. No había quien aguantara un capítulo entero de este bodrio sin dormirse, y si encima la veías en Telecinco, aguanta tú 37463845 horas de anuncios por medio… Y nada, a ésta también le llegó la cancelación, dejando a medias una trama que estuvo a punto de conseguir ser alargada varios capítulos por una serie de protestas de fans en USA (se dedicaron a mandar sacos de bellotas, un símbolo de la serie, a los estudios de la productora), pero sólo a punto. Ahí se quedaron, a medias.

Mi serie inercial actual. La energía eléctrica ha desaparecido simultáneamente en todo el planeta, causando que todo se vuelva salvaje y peligroso. En medio de todo este lío, un señor de la guerra estadounidense (cómo no) secuestra al hermano de la protagonista y mata a su padre. Y así empieza la fiesta. El problema de Revolution es que la primera temporada es una constante repetición del mismo esquema en todos y cada uno de sus capítulos: los protagonistas pasean por el campo intercambiando pullas, aparece un problema, pelean, alguien es capturado, urden un plan para rescatarlo, pelean, se disparan, algo explota y siguen paseando por el campo. Y claro, al final uno se cansa. Creo que es la única serie con la que me he dormido en 5 capítulos seguidos. Afortunadamente, parece que la “inercia serial” esta vez ha merecido la pena, porque en la segunda temporada la serie ha mejorado considerablemente, y quizá dentro de poco pueda sacarla de la categoría de basuras legendarias de la televisión.

De todas formas, no son las series post-apocalípticas las únicas que sufren el fenómeno de la “inercia serial”. Por ejemplo, esta el caso de los “spin-offs”. Empiezas a ver una serie nueva porque deriva de otra que te gusta mucho y te encuentras con bodrios como éste…

Ni pies, ni cabeza. Así es Ravenswood. Una sucesión de despropósitos e interpretaciones bochornosas y aburridas, una trama absurda y unos personajes totalmente faltos de carisma. Que sí, que Caleb José Rivers nunca fue el colmo del divertimento en Pretty Little Liars, pero era de esperar que el resto de personajes tuvieran algún tipo de atractivo. Pues no. Ninguno. La buena noticia es que ha acabado cancelada, claro. La mala es que Caleb va a volver a Rosewood más temprano que tarde, por desgracia para todos.

Pero, si hay una serie que llevo siguiendo por inercia tiempo, ésa es sin duda…

OUAT tuvo una primera temporada sencillamente BRILLANTE, preciosa, entretenida y adictiva. Cada Lunes comenzaba el capítulo deseoso de saber qué nuevo cuento me iban a contar o qué nuevo personaje fantástico iba a descubrir entre las calles de Storybrooke. Sin embargo, el tremendo éxito de esta serie hizo que los productores quisieran “estirar el chicle” durante dos temporadas más (de momento), temporadas que han sido un absoluto despropósito y un soberano coñazo. No sólo la trama se ha vuelto repetitiva y sin emoción (una maldición está bien, 824739843 cansan), rellenando minutos interminables con efectos especiales dignos del Windows Media Player, sino que la aparición de nuevos personajes interesantes se ha reducido al mínimo, centrando los capítulos en los mismos 5 personajes de siempre, de los cuales el único medianamenteinteresante es la Reina Malvada. Porque, ésa es otra, lo hostiables que han acabado siendo Blancanieves, el Príncipe Encantador y, sobre todo, el puto niño de los cojones… Estoy del “Opereishion Coubra” hasta los mismísimos, qué asquete de crío, de verdad.

Y es que, si la segunda temporada se hizo eterna y aburridísima, la primera mitad de la tercera ha sido de lo peorcito que he visto en una serie de televisión. Once soporíferos capítulos centrados en el mismo escenario, con la misma trama interminable y los mismos diálogos sentimentalistas y vomitivos. Desde luego, no parecía que eso fuera a ser así al principio de la temporada, pero ése es otro de los problemas de OUAT: casi nunca cumple las expectativas que promete. Por eso no tengo muchas esperanzas puestas en esta nueva etapa, por mucho que ame a Rebecca Mader y a la Bruja Malvada del Oeste.

Evidentemente, de su inefable “spin-off” OUAT in Wonderland ni pienso hablar, porque ése entra en la categoría “Bodrio que no sigo ni por inercia”. Y es que, efectivamente, las series malas se pueden dividir en tres categorías, la que odias pero sigues por inercia, la que es tan horrible que la dejas al primer capítulo y la más maravillosa de todas: la maravillosa mierda adictiva y descacharrante que amas con todas tus fuerzas… pero de Pretty Little Liars ya hablaré otro día.

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7 Respuestas a “La inercia en las series: “¿¿por qué sigues viendo esa mierda??”

  1. Once no me parece tan tan mala, y sí, Elphaba puede mejorarlo notablemente (espero que lo aprobechen).

    Yo incluiría Pretty Little Liars en la lista 😛

  2. De acuerdísimo estoy con tu aportación sobre OUAT por la que padezco la inercia de la que hablas. El príncipe y Mary Margaret son dos pasteles de nata y merengue mezclado. Me ha sido útil en alguna ocasión para conciliar el sueño. Me siento obligada a añadir “Under the Hole”, otra grande”; si Henry te es pesado con la cobra, estos flipan con estrellas rosas. Es de horrible inercia también -para mí-, pero se dieron cuenta y nos dejaron sin segunda temporada. Te gustaría. 🙂

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